5 pilares básicos para crear grandes momentos en la escuela.

Por Esther Carneros

* Apto y recomendable para padres y madres con peques de 0 a 3.

…Pero ¿que les habéis dado? ¿cómo hacéis para que estén así de tranquilos?

   Estas preguntas son recurrentes cuando las familias vienen a la escuela. Se asombran cuando ven que sus hijos están tranquilos, jugando, observando, compartiendo momentos y espacios con sus compañeros. Esto pasa cuando los educadores trabajan bajo la mirada de respeto hacia los niños, cuando cada experiencia que se planifica es basada en las necesidades de los más pequeños y cuando los niños saben que están en un espacio seguro y que sus emociones van a ser escuchadas.

Como educadora infantil especializada en educación alternativa, a la hora de crear las diferentes propuestas para el curso, me baso en unos principios que también podemos aplicar en casa:

1.- Respeto por y hacia las necesidades de niño: De nada vale realizar una super programación con cientos de materiales, sino están basadas en las necesidades que presenta cada niño en cada momento de su desarrollo. Solemos hacer actividades abiertas, donde se ofrezcan algunos materiales (a poder ser naturales) y dejando que el niño sea el que decida cómo, cuándo y dónde usarlos. Cogerán dos maderas y una piña, esas maderas serán barcos y la piña una gran ballena azul que salta y salpica. O lanzaran las maderas, y comprobaran que hacen ruido y volverán a lanzarlas para comprobarlo de nuevo y volver a asombrarse. Guardaran diferentes objetos en un bote y se sentaran con su bote entre las piernas… Cada niño tiene una evolución cognitiva diferente, y cada uno presenta necesidades diferentes al otro. Es parte de nuestra labor entender y respetar esa evolución.

2.- Buen clima en el espacio: Todo lo anterior se dará bajo unas condiciones de seguridad, bajo unos límites establecidos previamente y conocidos por los participantes. Estos límites dan seguridad emocional a los niños y son necesarios para el correcto funcionamiento de cada una de las actividades que se desarrollen. Estos famosos límites no son adultos serios que pegan gritos, son figuras de referencia, figuras que con su presencia advierten que no debo hacer daño a los compañeros, figuras que cuidan de que a mi no me hagan daño y que entre todos cuidemos el material y los espacios. Esa figura que sabe…

3.- … que no hay trabajo / juego bien o mal hecho, que cada uno jugamos a lo que queremos y que si no queremos jugar no lo hacemos, pues no vamos a ser juzgados. Pero sabemos que ese adulto me va a acompañar en los días grises con sus brazos abiertos cantándome esa canción que me anima, que esos brazos van a bailar conmigo cuando suene la música y que en el patio voy a encontrar esa mirada que me protege y me hace sentir bien.

4.- Hay que escuchar al niño que no habla y al que no calla. Como educadores tenemos una gran tarea de observación directa de cada uno de los niños. Esta observación es fundamental, pues a través de ella podemos detectar pequeños “problemas” que los niños no son capaces de expresar, pues no tienen aún las herramientas, pero que nosotros como adultos podemos desenmascarar y tratar de buscar soluciones juntos.

5.- La exploración ha de ser libre. ¡Qué importante es el juego libre! Los niños hablan y se expresan a través de él. Los niños necesitan jugar y volver a jugar y si sobra un poquito de tiempo quiero volver a jugar. Es su forma de vivir, por lo que debemos dejar que jueguen en diferentes contextos: escuela, parque, campo, casa… cualquier sitio es bueno, ¿por qué no? Pero lo más importante es que lo hagan de forma libre, de la forma que cada uno quiera sin presiones ni obligaciones.

Si analizáramos detenidamente el comportamiento de cada uno de nuestros hijos en el juego, sabríamos perfectamente qué está demandando en ese momento evolutivo. ¿Maravillas de la vida? No, es simplemente parar, mirarlos y concentrarnos solamente en ellos por un momento. Vivimos acelerados, pensamos que nuestros hijos tienen que saber hacer todo ya, y que si el hijo de fulanito a su edad ya se sabía los colores en tres idiomas y mi niño no… ¡a ver qué hacen en esa escuela que mi niño no sabe que azul es blue!

Sabemos que comparar es un error en el que caemos mucho, y de nada sirve presionar para que aprendan algo por lo que no sienten curiosidad, algo para lo que aún no están preparados. Aprovechemos nuestra mirada de padres 2.0 con un montón de libros sobre crianza leídos y manuales de cómo ser un maravilloso padre/madre descargados y hagamos lo más sencillo de todo: escucharnos a nosotros mismos y a nuestros hijos.

Recordar que “la escuela es mi segunda casa, pero mi casa es mi primera escuela”, y disfrutemos más de ser papás y mamás 🙂

 

Esther Carneros

Esther Carneros

Educadora de infantil experta en nuevas tendencias y educación alternativa.

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